QUE ORGULLO DA ASUMIR RIESGOS
Asumir riesgos es parte fundamental de la vida de los líderes. Por esa razón el Jardín Botánico de Bogotá es líder ambiental: Porque asume riesgos como el de acompañar el traslado de un gigantesco árbol de 120 toneladas de peso, 40 metros de altura y 90 años de vida. ¿Quién emprendería una empresa tan riesgosa?. Pues nosotros, los funcionarios y contratistas del Jardín. Aquellos que nos jugamos la vida a diario por el servicio a la ciudad. ¿Exagero? No. Solo destaco la labor de los “Maromeros” que se suben a los árboles más altos de la ciudad, arriesgando su integridad. Resalto el trabajo de los sociales de arborización o de Agricultura Urbana que salen a diario a la calle para llevar el mensaje de la “Conciencia ambiental hacia un cambio cultural profundo, para el buen vivir de todas y todos”.
Jardineros, operarios, conductores, oficinistas, ingenieros, arquitectos, veterinarios, sabios, vigilantes, la gente de servicios generales y los hombres y mujeres que se desempeñan a diario en nuestra entidad hacen parte de este éxito de poner la cara a todos los temas y proyectos ambientales de la ciudad. Estas consideraciones son más profundas cuando un árbol patrimonial pende de una grúa a 10 metros de altura. Su sistema radicular está al aire y centímetro a centímetro avanza de un lugar a otro. “Es como una operación a corazón abierto en una persona”, asegura Herman Martínez, director del Jardín, quien estuvo pendiente durante las más de 30 horas que duró la operación de traslado. ¿Pero cuál fue la labor del Jardín Botánico de Bogotá durante el traslado del Caucho Sabanero? Para responder esta pregunta haríamos referencia a Francisco Bocanegra, de la oficina de arborización corriendo de lado a lado mientras las grúas izaban el pesado árbol. “Hay que estar pendientes de cada chirrido, de cada señal que nos permita ver el progreso positivo del árbol” aseguraba. A unos pasos Oscar Mesa observaba el desplazamiento del tronco. “Tendríamos que podar aquellas ramas” decía mientras señalaba el costado norte del frondoso abuelo de verdes ramas. Por su parte Jairo Chaparro miraba, analizaba y escudriñaba las lonas, las manilas y todo lo que pasaba minuto a minuto del traslado. Leonardo Aponte caminaba nervioso en medio del ruido de las pesadas grúas. Un chiste en el momento más tensionante ayudaba a aliviar a todos. Y que decir de los operarios del Jardín. Con su machete ayudaban a cortar parte de las raíces del árbol pocos minutos antes de izarlo. En un lugar estratégico, siempre pensando, el profesor Villota estudiaba la situación. Su expresión decía sin pronunciar palabra: “ Yo creo que ......” Cada hora el comité técnico integrado por nuestro personal se reunía en el sitio del traslado. Confrontaban sus teorías y conocimiento técnico para llevar al árbol sano y salvo a su nuevo hogar. “Es la ingeniería forestal colombiana la que apoyó esta operación tan delicada, en una demostración de calidad y conocimiento” explica uno de sus integrantes. Todos fuimos parte de esta operación, primera en su género en nuestro país y Latinoamérica, cuarta en el mundo por el tamaño del árbol. Todos aprendimos mucho durante el proceso. Todos permanecimos al tanto de cada detalle y nuestro aporte fue fundamental para alcanzar el éxito. Por esa razón hoy nos preguntamos ¿Cuál sería el mensaje más importante para compartir con todos los bogotanos y bogotanas? Creo que lo más destacable es el mensaje ambiental de luchar por un árbol. Un ser viviente que permanece solo en un lote de la calle 75 con carrera Séptima de Bogotá. Uno de los pocos que sobreviven a los edificios y vías que lo rodean. Un hecho que parece aislado mientras en la selva cada minuto miles de árboles caen por acción de las motosierras de las grandes empresas papeleras. Este es el mensaje que queremos compartir con todos ustedes. Luchemos por los árboles, por el verde de la ciudad y por un mejor vivir para nuestros hijos. Y como dijimos al inicio de este artículo siempre en bueno asumir riesgos porque al final con el éxito o el fracaso siempre podremos decir que luchamos por lo queremos: Nuestra hermosa tierra. El Caucho Sabanero se recupera a esta hora de los comprensibles traumas ocasionados por este impresionante traslado. Está bajo la observación de nuestros expertos por lo que estamos seguros que saldrá adelante. Desde ya es un símbolo de los bogotanos y bogotanas. Un símbolo de lucha, de supervivencia, de cambio de pensamiento, de conservación. Por eso hay que visitarlo con toda la familia. Que nuestros hijos sepan que no fue un evento más sino la cristalización del pensamiento ambiental que busca preservar nuestra naturaleza. Roberto García R Coordinador Oficina de Comunicaciones JARDÍN BOTÁNICO DE BOGOTÁ José Celestino Mutis.
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