LA HISTORIA VISTA POR EL ÁRBOL BICENTENARIO DE BOGOTÁ
El golpeteo de los cascos de los caballos resuena en el ambiente. Son muchos los jinetes que avanzan por el camino a Usaquén. Podría ser la comitiva del libertador Simón Bolívar, quien se dirige hacia esa población, al norte de Santa Fe de Bogotá, en el camino a Tunja. Hace apenas unas horas salieron de la capital del Nuevo Reino de Granada. Están llegando a la mitad del camino, una gran Hacienda, en lo que hoy sería la calle 77 cerca de la actual carrera 7. La Guardia hace detener la avanzada. Los jinetes se apean a la espera de los carruajes, hombres y mujeres que acompañan al general Bolívar. Los soldados del Ejército libertador observan un pequeño árbol Nogal, que crece casi al borde del camino principal. Allí hablan sobre los ires y venires de la campaña libertadora. El pequeño arbolito escucha las palabras, las risas los cuentos de los uniformados. A los pocos minutos llega el carruaje y los soldados que faltaban. El descanso en la ruta al norte es agradecido por humanos y animales.
Las botas del libertador Simón Bolívar, son pesadas. De un paso a otro suenan con los golpes de metal de las espuelas. Así se escucha su recorrido mientras camina alrededor de los árboles de las fincas de la sabana. Con su pequeña figura e indomable alma, el Libertador podría haber llegado hasta nuestro Pequeño Nogal. Allí habló con sus hombres acerca del camino al norte, del paso por el pueblo de Usaquén. El grupo recordó la campaña de la independencia, el grito de la libertad de 1810. Todos se conmovieron con aquellos que dieron la vida por Colombia. De un momento a otro, jinetes y pasajeros montaron carruajes y caballos y continuaron su camino. Las noches y los días siguieron su curso. Días de lluvia, de sol, de frío y calor hacen que nuestro árbol siga creciendo en ese bello paraje. El pequeño Nogal se hace grande. Crece rápidamente. Miles de aves hacen sus nidos y alimentan a sus crías. Los visitantes a la Finca donde vive el Nogal hablan del nacimiento de la República. Pasan al lado de este acuerpado árbol y aprovechan su sombra para tomar ligeros descansos. Ya han transcurrido varios años desde que fue sembrado en ese lugar.Pasa el tiempo y el árbol se mantiene en pié al lado del camino a Usaquén. Hombres y mujeres de la nueva República de Colombia transitan en las tardes de asueto hacia las fincas de recreo. Por algún caminante el árbol se entera del crecimiento de la ciudad. La otrora Santa Fe hoy también llamada Bogotá. Dos siglos después los hombres y mujeres de la independencia se fueron. El árbol continúa en su lugar. Hoy cumple 200 años y en sus recuerdos queda la historia de Bogotá.El árbol vive todavía en la calle 77 a una cuadra de la carrera 7ª. Su fuerte estructura sigue en pié al lado de las casas y edificios de la zona. Sigue dando frutos como el verdadero patriarca del arbolado bogotano. Una historia que el Jardín Botánico quiere compartir con todos los ciudadanos a las puertas del bicentenario. Por: Roberto García Coordinador de Comunicaciones JBB
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